Las nuevas Juntas de Acción Comunal comienzan un periodo decisivo. Las diferencias entre liderazgos no pueden terminar afectando el derecho de las comunidades a organizarse, participar y encontrar soluciones a sus problemas.
Durante los últimos meses he tenido la oportunidad de recorrer nuevamente El Poblado desde un lugar que conozco bien: el periodismo comunitario. He conversado con líderes, dignatarios de las Juntas de Acción Comunal, funcionarios y habitantes de diferentes barrios.
Y en ese recorrido he encontrado algo que merece una reflexión.
El pasado 26 de julio se realizaron las elecciones de las nuevas mesas directivas de las Juntas de Acción Comunal de El Poblado. Desde entonces, en El Poblado en Historias hemos buscado acercarnos a las nuevas directivas para conocerlas, escuchar sus prioridades y construir canales de comunicación con ellas.
El panorama que hemos encontrado debería preocuparnos.
De las diez JAC de la comuna, dos —Lomas de los Parras y El Garabato— atraviesan conflictos internos que hoy dificultan su normal funcionamiento. En Poblado Centro se han presentado dificultades en el proceso de empalme. Y Manila enfrenta una situación particularmente compleja, atravesada además por las tensiones surgidas alrededor de la elección de la nueva mesa directiva de Asocomunal.
La presidenta de la JAC Manila fue elegida también presidenta de Asocomunal. Las diferencias entre algunos de los liderazgos que aspiraban a dirigir esta organización han trascendido la elección y hoy existen acciones y cuestionamientos contra la presidenta de Asocomunal y de la JAC Manila.
No corresponde a esta editorial determinar quién tiene la razón en esas controversias. Para eso existen los procedimientos y las instituciones competentes.
Lo que sí corresponde preguntarnos es qué está pasando con nuestra capacidad de trabajar juntos.
Hay otro dato que debería invitarnos a esa reflexión. Dos de las diez JAC de El Poblado no hacen parte actualmente de Asocomunal y una tercera manifestó, durante el proceso de conformación de su nueva mesa directiva, su intención de retirarse. Si esto llegara a materializarse, la organización que debería contribuir a articular el movimiento comunal terminaría agrupando apenas siete de las diez juntas existentes en la comuna.
Más allá de las razones que tenga cada organización para permanecer o retirarse, la señal debería preocuparnos.
Mientras los problemas de El Poblado necesitan cada vez más articulación, nuestros liderazgos parecen tener cada vez mayores dificultades para encontrarse.
Y cuando una organización comunitaria deja de funcionar adecuadamente por las diferencias entre sus dirigentes, quienes pierden no son quienes ganaron o perdieron una elección. Pierde la comunidad.
Pierde el vecino que necesita gestionar una solución. Pierde el ciudadano que busca interlocución con la Administración Distrital. Pierde el barrio que necesita organizarse alrededor de un problema. Y pierde la participación ciudadana cuando comienza a instalarse la percepción de que estos espacios sirven más para disputar posiciones que para construir soluciones.
En este recorrido también he escuchado rumores, señalamientos, viejas disputas y comentarios que pasan de una conversación a otra y terminan deteriorando las relaciones entre personas que, paradójicamente, comparten un propósito: trabajar por El Poblado.
Por supuesto que existen diferencias. Y está bien que existan.
La participación ciudadana no supone pensar igual. Tampoco exige que todos los líderes sean amigos.
La articulación comunitaria no exige amistad. Exige madurez.
El Poblado enfrenta desafíos demasiado importantes como para desperdiciar su capital social en disputas personales. Tenemos problemas de movilidad, seguridad, convivencia, espacio público, transformación urbana, medio ambiente, turismo, ruido, bienestar animal, envejecimiento poblacional y usos del suelo, entre muchos otros.
Ninguno podrá resolverlo una persona. Tampoco una JAC actuando aisladamente.
Por eso este nuevo periodo debería comenzar recuperando algo mucho más elemental: la capacidad de hablarnos.
Quien termina un periodo como dignatario tiene una responsabilidad que no desaparece con la elección de su sucesor. Entregar información, procesos, archivos, contactos y aprendizajes no significa favorecer a quien llega. Significa respetar a la comunidad a la que se sirvió.
Y quienes comienzan tienen también una responsabilidad: llegar a una organización no significa desconocer lo construido anteriormente. La historia de nuestros barrios no empieza cada cuatro años.
Hay hombres y mujeres que han dedicado décadas de su vida al trabajo comunitario en El Poblado. Sus aportes merecen reconocimiento, incluso cuando existan diferencias con ellos.
Tal vez por eso este momento puede convertirse también en una oportunidad.
Una oportunidad para construir liderazgos menos personalistas y organizaciones más institucionales; para recuperar la confianza; para fortalecer Asocomunal como verdadero escenario de articulación; para mejorar la comunicación entre las JAC; para reconocer a quienes estuvieron antes y abrir espacio a quienes llegan.
El liderazgo comunitario no consiste solamente en ocupar un cargo. También consiste en ser capaz de dejar funcionando una comunidad cuando ya no se ocupa ese cargo.
Por eso mi invitación hoy es sencilla: volvamos a hablarnos.
Que quienes salen faciliten el camino de quienes llegan. Que quienes llegan reconozcan el trabajo de quienes estuvieron antes. Que las diferencias se tramiten donde corresponde. Que Asocomunal pueda ser un lugar donde las diferencias encuentren conversación y no una nueva razón para dividirnos.
El Poblado necesita todos sus liderazgos: los nuevos y los históricos, los que coinciden y los que piensan distinto.
Porque por encima de una elección, de un cargo, de una diferencia y hasta de una organización debería permanecer aquello que le da sentido al liderazgo comunitario: la comunidad a la que decidimos servir.





Me parece demasiado interesante este tema se estaban demorando en ponerle alto a este asunto.En donde una ligereza toma el control de las manualidades como negocio personal,no respetan los derechos de la comunidad.las organizaciones sociales desmotivada por el manejo de los operadores.
Cuando se trabajaba alegremente y con propósito.
Gracias por hacer posible esta idea y solucionar el trabajo en equipo.
Gracias Bernardita por sumarte a la conversación a través de esta esitorial. Esa es nuestra apuesta, generar los canales para conversar como comunidad. Un abrazo
Buenas tardes yo soy Catalina jaramillo secretaria de la Jac poblado centro 2022-2026 el pasado 8 de julio la junta directiva de reunió con la junta entrante para el periodo 2026-2030 e hizo un adecuado empalme en donde se les hizo entrega de libros de actas, libro de afiliados y libros contables, de manera muy cordial nuestro equipo estuvo atento a resolver inquietudes y siempre estuvimos dispuestos a una sana escucha, no entendemos en esta editorial cuales fueron las dificultades que manifiesta la Jac entrante frente al empalme hasta el momento no nos han notificado nada al respecto, cómo sugerencia para dicho artículo han debido verificar las dos fuentes de información muchas gracias
Catalina, muchas gracias por escribirnos y por aportar esta información a la conversación.
La referencia que hacemos en la editorial a las “dificultades en el proceso de empalme” no pretende desconocer que el pasado 8 de julio se realizó una reunión entre la junta saliente y la entrante, ni la entrega de los libros de actas, afiliados y contables que usted menciona.
Nuestra apreciación surge de una mirada más amplia. Estuvimos presentes en una asamblea posterior de la JAC Poblado Centro en la que algunas personas expresaron inquietudes relacionadas con la transición y el empalme. En ese momento no había representación de la junta saliente que permitiera conocer su versión y resolver esas inquietudes.
También hemos acompañado y conocido este proceso desde otros espacios, incluyendo conversaciones y reuniones con la Secretaría de Participación Ciudadana. Allí hemos percibido que los cambios de dignatarios en distintas JAC de El Poblado requieren no solamente el cumplimiento formal de la entrega, sino mayor acompañamiento, comunicación y construcción de confianza entre quienes terminan sus periodos y quienes comienzan.
Quizás su comentario nos permite hacer una precisión importante: un empalme puede cumplir sus requisitos formales y, al mismo tiempo, necesitar más diálogo, acompañamiento y construcción de confianza entre quienes entregan y quienes reciben una organización comunitaria.
Ese es precisamente el sentido de la editorial. No buscamos establecer quién tiene la razón en las diferencias que puedan existir, ni desconocer el trabajo realizado por quienes estuvieron al frente de las organizaciones. Por el contrario, creemos que ese conocimiento y esa experiencia también deben acompañar a quienes hoy asumen nuevas responsabilidades.
Recibimos igualmente su observación sobre la necesidad de escuchar las diferentes fuentes. Es válida y la tendremos en cuenta. Su información complementa lo que conocíamos y nos permite precisar el alcance de lo expresado en el artículo.
Y quizás esta conversación sea también una buena manera de comenzar a materializar el llamado que hicimos en la editorial: volver a hablarnos.
Las diferencias son legítimas. Lo importante es que podamos expresarlas, escucharnos y evitar que terminen debilitando organizaciones que pertenecen, por encima de cualquier liderazgo, a sus comunidades.
Gracias, Catalina, por participar en esta conversación de manera respetuosa.