Mientras la Agencia APP estudia un posible aprovechamiento económico del Parque del Silencio, habitantes y comerciantes de Astorga piden conservarlo como espacio público y pulmón verde. Este domingo 23 de agosto la comunidad realizará un picnic para encontrarse, habitar el parque y reiterar una idea: el espacio público también se protege usándolo.
En medio de Astorga, entre edificios, restaurantes, hoteles, viviendas y calles cada vez más transitadas, hay un pequeño espacio donde todavía mandan los árboles.
Es el Parque del Silencio, ubicado en la carrera 43C entre calles 8 y 9, un lugar que durante años ha sido reconocido por habitantes del sector como espacio verde, punto de encuentro y zona de tranquilidad.
Hoy su futuro está en discusión.
La Agencia APP de Medellín estudia la posibilidad de implementar allí un esquema de aprovechamiento económico de baja intensidad, mientras habitantes y comerciantes de Astorga están pidiendo que el lugar conserve su vocación de parque y espacio público.
Este domingo 23 de agosto, a las 11:00 a. m., esa conversación llegará nuevamente al parque.
La comunidad convocó un picnic por la defensa del Parque del Silencio, con yoga, encuentro ciudadano y un espacio para compartir entre vecinos.
Un parque que la comunidad considera que ya tiene un uso
Durante una reunión realizada esta semana entre comunidad y representantes de la Administración Distrital, la Agencia APP explicó que el predio, de aproximadamente 360 metros cuadrados, es un bien fiscal.
Según lo expuesto durante el encuentro, se estudia allí un esquema de aprovechamiento económico de baja intensidad, principalmente gastronómico, que contemplaría un contrato de arrendamiento temporal por tres años y estructuras livianas.
Desde la Administración se argumentó que este modelo permitiría generar recursos para infraestructura, evitar el deterioro o la ociosidad del inmueble y optimizar el patrimonio público sin que este pierda su propiedad pública.
La comunidad plantea otra mirada: el Parque del Silencio no es un espacio sin uso.
Su uso actualmente es ambiental, social y comunitario.
“La comunidad quiere conservar esto como parque”, afirmó Álvaro González, residente de Astorga y uno de los organizadores del encuentro.
Para quienes defienden su permanencia, los árboles, jardines y áreas permeables del lugar aportan sombra, ayudan a amortiguar el ruido y generan bienestar en uno de los sectores con mayor actividad urbana de El Poblado.
El valor de lo público no siempre se mide en dinero
La discusión alrededor del Parque del Silencio abre una pregunta que trasciende a Astorga: ¿cómo debe valorarse un espacio público en una ciudad cada vez más densificada?
El aprovechamiento económico puede ser una herramienta legítima para la gestión de determinados bienes públicos. Pero también existen lugares cuyo principal rendimiento para la ciudad está en aquello que difícilmente aparece en una cuenta financiera: árboles, sombra, suelo permeable, encuentro ciudadano, tranquilidad y calidad de vida.
Durante la reunión, el abogado ambientalista Camilo Quintero señaló que uno de los grandes retos de las ciudades es conseguir que las comunidades se apropien de sus espacios públicos.
En el Parque del Silencio esa apropiación ya existe.
El exsubsecretario de Ambiente de Medellín Esteban Jaramillo también planteó la importancia de revisar el lugar desde las disposiciones del Plan de Ordenamiento Territorial y del Plan de Desarrollo Distrital relacionadas con espacio público y zonas verdes.
Además, destacó su relación con el corredor verde de la quebrada La Presidenta y la importancia de las áreas permeables para enfrentar las lluvias y los extremos climáticos.
Antes de intervenir, conocer qué tenemos
La comunidad también está solicitando algo elemental: conocer con precisión el patrimonio natural existente antes de tomar decisiones sobre el futuro del parque.
Durante el encuentro se planteó la necesidad de realizar un inventario de las especies arbóreas presentes en el lugar.
Entre ellas, los habitantes identifican un árbol de mango de aproximadamente 25 años, además de palmeras y otras especies.
La pregunta resulta sencilla, pero necesaria: antes de decidir qué hacer con este espacio, ¿sabemos exactamente qué árboles, jardines y servicios ambientales existen allí?
De un pequeño parque a un Corredor Vivo de Astorga
Los habitantes tampoco quieren que la discusión termine en conservar unos cuantos metros cuadrados.
La propuesta presentada por la comunidad busca mirar el territorio de manera más amplia.
El denominado Corredor Vivo de Astorga plantea conectar cuatro espacios: la quebrada La Presidenta, el Parque de La Bailarina, el Parque del Silencio y el Parque de El Poblado.
La idea es consolidar un sistema de naturaleza, cultura, bienestar y encuentro ciudadano mediante arborización, senderos, señalización, prioridad peatonal y programación cultural, evitando nuevas construcciones sobre las zonas verdes.
La propuesta incluye además un modelo de gobernanza compartida, en el que residentes, comerciantes, actores culturales y Administración puedan participar en las decisiones, mantenimiento y seguimiento del corredor.
Es una perspectiva que cambia la pregunta.
Ya no se trataría solamente de definir qué hacer con un predio, sino de pensar qué tipo de espacio público necesita Astorga hacia el futuro.
Los acuerdos con la comunidad también construyen ciudad
Hay otro elemento que merece especial atención.
Según Orlando Jaramillo, residente, comerciante y veedor del proceso mediante el cual este espacio fue entregado a la comunidad, en 2013 se hablaba de aproximadamente 1.200 metros cuadrados de zonas públicas, de los cuales cerca de 900 metros cuadrados estarían destinados a jardines.
Fue en ese proceso donde tomó fuerza la idea de conservar este lugar como un espacio de contemplación y tranquilidad.
Por eso, para la comunidad la discusión actual también tiene que ver con la permanencia de los procesos y acuerdos construidos alrededor del territorio.
Las ciudades necesitan instituciones capaces de administrar sus bienes públicos, pero también comunidades que los cuiden, vigilen y hagan seguimiento a las decisiones que los afectan.
Ese control ciudadano no debería entenderse como un obstáculo para la gestión pública. Es parte de ella.
Este domingo, el parque se defiende habitándolo
La respuesta de los habitantes de Astorga comenzará con algo cotidiano: encontrarse.
Este domingo 23 de agosto, desde las 11:00 a. m., la invitación es a llegar al Parque del Silencio, en la carrera 43C entre calles 8 y 9.
Habrá yoga, encuentro comunitario y picnic.
La invitación es llevar manta y ganas de compartir.
Pero detrás de esa actividad sencilla existe un mensaje ciudadano mucho más profundo: los parques tienen sentido cuando la gente puede encontrarse en ellos, disfrutarlos, cuidarlos y sentirse parte de las decisiones sobre su futuro.
La discusión sobre el Parque del Silencio apenas comienza.
Y quizás la mejor manera de entender por qué algunos habitantes quieren conservarlo sea precisamente esa: acercarse, caminarlo, sentarse bajo sus árboles y escuchar, por un momento, el silencio que todavía permanece en medio de Astorga.




