InicioCULTURA Y SOCIEDAD¿Podemos marchar juntos quienes pensamos diferente?

¿Podemos marchar juntos quienes pensamos diferente?

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El orgullo nació para defender la libertad de identidad. Hoy también debe defender la libertad de conciencia.

Esta semana miles de personas volverán a salir a las calles de Medellín para celebrar el Orgullo.

Y eso es una buena noticia.

Durante décadas, la Marcha del Orgullo ha sido mucho más que una celebración. Ha sido un espacio de visibilidad, resistencia y reivindicación para quienes crecimos en una sociedad donde amar diferente podía significar rechazo, discriminación o violencia.

Como hombre gay, activista y comunicador, he participado durante años en este proceso. He visto avances que parecían imposibles cuando era joven.

Hoy existe matrimonio igualitario, la adopción para parejas del mismo sexo, las personas con VIH tenemos una calidad y expectativa de vida que hace algunas décadas era impensable y la diversidad sexual y de género ocupa espacios públicos, institucionales y mediáticos que antes estaban completamente cerrados.

Aún falta mucho camino por recorrer. Pero también sería injusto desconocer lo mucho que hemos avanzado.

Quizás por eso me preocupa una tendencia que he visto crecer durante los últimos meses.

La idea de que existe una única manera correcta de pensar políticamente si se es una persona LGBT.

Que quien vote diferente está equivocado.

Que quien priorice otras preocupaciones del país ha traicionado la causa.

Que quien no comparta determinada visión ideológica merece ser señalado.

No comparto esa idea.

Porque si algo nos enseñó la lucha por la diversidad es que nadie debería decirnos cómo vivir nuestra vida.

Y eso incluye también nuestra forma de pensar.

Algunas personas consideran que la principal prioridad política debe ser la ampliación de derechos para las minorías.

Otras creen que la estabilidad económica, la generación de empleo, la seguridad o la fortaleza institucional son condiciones necesarias para que esos derechos puedan sostenerse en el tiempo.

Son posiciones distintas.

Pero ambas pueden surgir de preocupaciones legítimas sobre el futuro del país.

Reducir esa discusión a categorías de “buenos” y “malos”, o de “aliados” y “traidores”, empobrece el debate y termina reproduciendo la misma lógica de exclusión que durante años hemos cuestionado.

La Marcha del Orgullo nació para combatir la discriminación, no para crear nuevas formas de ella.

Por eso celebro que la institucionalidad de Medellín haya reiterado su respaldo a la marcha como un espacio plural y abierto para toda la ciudadanía.

Pero también creo que los liderazgos sociales tienen una responsabilidad adicional.

No basta con organizar el evento.

También es necesario cuidar el tono de la conversación pública que lo rodea.

En tiempos de polarización política, quizás el mensaje más poderoso que puede enviar el movimiento LGBT es recordar que la diversidad no termina en la orientación sexual o en la identidad de género.

La diversidad también incluye formas distintas de entender el país.

Porque el orgullo nunca se trató de pensar igual.

Se trató de ser libres.

Libres para amar.

Libres para existir.

Libres para expresarnos.

Y también libres para pensar.

Quizás la pregunta más importante de este Pride no sea por quién votamos.

La pregunta es si seguimos siendo capaces de reconocernos como comunidad aun cuando pensamos diferente.

Porque si logramos hacerlo, no solo estaremos defendiendo la diversidad.

Estaremos defendiendo la democracia.

Marco Andrés Jaramillo
Marco Andrés Jaramillo
Comunicador Social-Periodista de la Universidad de Antioquia, con amplia experiencia en Periodismo, Comunicación Organizacional, Relaciones Públicas y Televisión. Co-fundador de egoCity y director general.
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