InicioCULTURA Y SOCIEDADOpiniónColombia eligió presidente. Ahora nos toca elegir país

Colombia eligió presidente. Ahora nos toca elegir país

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Colombia eligió un nuevo presidente. La diferencia fue mínima.

Apenas un punto porcentual separó a los dos proyectos políticos que disputaron la Presidencia de la República. Cerca de 250.000 votos marcaron la diferencia en una elección en la que participaron casi 26 millones de ciudadanos.

La cifra deja una conclusión imposible de ignorar: Colombia sigue siendo un país profundamente diverso en sus ideas, sus prioridades y sus expectativas sobre el futuro.

No existe una mitad del país que pueda reclamar para sí toda la verdad.

No existe una mitad del país que pueda imponer silencio a la otra.

Y precisamente por eso, una vez terminan las elecciones, comienza una tarea mucho más importante que la campaña misma: aprender a convivir.

Durante los últimos años, la discusión pública se ha vuelto cada vez más agresiva. Las diferencias ideológicas han terminado convirtiéndose en enemistades personales. Muchas veces hemos olvidado que detrás de cada voto hay seres humanos que sueñan con un país más seguro, más próspero y más justo, aunque tengan ideas distintas sobre cómo lograrlo.

Cuando una elección se gana por un punto porcentual, nadie recibe un mandato para imponer. Todos reciben una obligación de dialogar.

Como hombre gay, periodista y ciudadano, entiendo las preocupaciones que hoy pueden existir en algunos sectores de la población LGBT.

Las entiendo porque también he vivido la discriminación, el rechazo y la incertidumbre.

Durante años he escuchado cómo algunas personas intentan descalificar determinadas voces recurriendo a una palabra que se ha vuelto frecuente en nuestra conversación pública: privilegiado.

Y quizás sea cierto que algunas personas hemos tenido más oportunidades que otras para estudiar, emprender, acceder a ciertos espacios o hacer visibles nuestras historias.

Pero el privilegio no borra las experiencias de discriminación. Tampoco elimina las dificultades que cada persona enfrenta para comprender, aceptar y vivir su propia diversidad.

Por el contrario, si algo debería enseñarnos es que quienes hemos logrado avanzar un poco más tenemos la responsabilidad de abrir caminos para quienes aún enfrentan mayores barreras.

Porque una sociedad más justa no se construye silenciando voces, sino ampliando oportunidades.

Pero precisamente por eso considero importante recordar algo que a veces parece perderse en medio de la polarización política: los derechos fundamentales de las personas LGBT en Colombia no nacieron de la voluntad de un gobierno en particular.

Fueron el resultado de décadas de trabajo ciudadano, movilización social, litigio estratégico y decisiones históricas de las altas cortes de nuestro país.

El matrimonio igualitario, la adopción por parejas del mismo sexo, el cambio del componente sexo-género, la protección frente a la discriminación, el acceso a la salud. Muchos de los avances que hoy hacen parte de nuestra realidad fueron construidos dentro del marco constitucional colombiano y respaldados por las instituciones democráticas de la República.

Por eso, más allá de las diferencias ideológicas que puedan existir frente al nuevo gobierno, resulta fundamental defender la institucionalidad, el Estado de Derecho y el respeto por la Constitución.

En medio de la incertidumbre que algunas personas sienten frente al nuevo escenario político, vale la pena recordar una de las frases pronunciadas por el hoy presidente electo durante su discurso de victoria:

«Juro defender la Constitución con extrema coherencia para evitar que la destruyan. Juro protegerla de aquellos que pretenden cambiar el Estado de derecho por la tiranía».

Más allá de simpatías o diferencias ideológicas, esa afirmación representa un compromiso que los ciudadanos tendremos el derecho y la responsabilidad de exigir durante los próximos años.

Porque en una democracia madura, los gobiernos pasan, pero las instituciones permanecen.

Y cuando la Constitución, las altas cortes y el Estado de Derecho son respetados, los derechos de todos los ciudadanos encuentran protección.

Tal vez ha llegado el momento de hacer una reflexión que durante años hemos evitado.

Los movimientos sociales fueron indispensables para conquistar derechos. Pero la consolidación de esos derechos exige ahora una tarea diferente: menos confrontación permanente, más pedagogía, menos miedo, más diálogo, menos polarización y mas construcción colectiva.

Las nuevas generaciones LGBT necesitan algo más que discursos apasionados o debates interminables en redes sociales. Necesitan vivir en un país donde puedan emprender, estudiar, trabajar y desarrollar sus proyectos de vida con dignidad.

Y para lograrlo, la estabilidad institucional también importa. Porque detrás de las discusiones ideológicas existen millones de colombianos que cada mañana salen a buscar trabajo, sostener un emprendimiento, pagar un arriendo o sacar adelante a sus familias.  Entre ellos también hay personas LGBT.

Quizás por eso sea momento de recuperar una herramienta que históricamente le dio grandes resultados a la población diversa: el litigio estratégico, serio, responsable y profundamente técnico.

Un litigio alejado de la euforia, de la reacción inmediata y de la confrontación permanente. Un litigio que entienda que los cambios más duraderos suelen construirse desde la inteligencia jurídica, la evidencia, la argumentación y la capacidad de persuadir a la sociedad.

Porque el futuro de las infancias y juventudes LGBT merece serenidad. Merece madurez. Merece responsabilidad. Y merece liderazgos capaces de pensar más allá de la próxima tendencia o de la próxima elección.

La verdadera fortaleza de un derecho no radica en que deba defenderse todos los días como si estuviera a punto de desaparecer. Su verdadera fortaleza aparece cuando se integra a la vida cotidiana de una sociedad y se convierte en una realidad compartida.

Por eso, más que seguir dividiéndonos entre buenos y malos, aliados y enemigos, izquierda y derecha, quizás el reto de esta nueva etapa sea otro.

Aprender que la diversidad también incluye la diversidad de pensamiento.

Aprender que ciudadanos diversos pueden votar distinto y seguir siendo parte de la misma comunidad.

Aprender que construir país exige escuchar incluso a quienes no piensan como nosotros.

Colombia ya eligió presidente.

Ahora nos corresponde algo mucho más difícil.

Elegir si queremos seguir viviendo desde el miedo y la confrontación, o si estamos dispuestos a construir una sociedad diversa, respetuosa y en paz.

Porque los derechos conquistados deben protegerse.

Pero el futuro del país también debe construirse.

Y ninguna democracia prospera cuando el miedo reemplaza al diálogo.

Marco Andrés Jaramillo
Marco Andrés Jaramillo
Comunicador Social-Periodista de la Universidad de Antioquia, con amplia experiencia en Periodismo, Comunicación Organizacional, Relaciones Públicas y Televisión. Co-fundador de egoCity y director general.
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