¿Hay que bajar por las escaleras mientras tiembla? ¿Que un edificio se mueva significa que puede caer? ¿Cómo saber si realmente es sismorresistente? Respondemos algunas de las principales dudas y explicamos cómo prepararse, especialmente si en casa hay personas mayores, personas con movilidad reducida o mascotas.
Un sismo fuerte puede convertir en segundos la tranquilidad de una unidad residencial en una situación de incertidumbre. Suenan alarmas, se abren puertas, ladran los perros y algunas personas intentan salir inmediatamente de sus apartamentos.
En edificios altos, además, la percepción del movimiento puede ser especialmente inquietante.
Pero el miedo no tiene por qué convertirse en desorden. Conocer previamente qué hacer, cómo funciona el edificio y qué información puede solicitarse a la administración ayuda a tomar mejores decisiones.
En una comuna como El Poblado, caracterizada por sus edificios de altura, la preparación también debe considerar una realidad de muchas unidades residenciales: personas mayores, residentes con movilidad reducida y hogares con animales de compañía.
Mito 1: “Si empieza a temblar, hay que bajar inmediatamente”
Salir corriendo puede ser una reacción instintiva. Sin embargo, intentar desplazarse apresuradamente por pasillos y escaleras mientras continúa un movimiento fuerte puede aumentar el riesgo de caídas, golpes y aglomeraciones.
El material consultado para este artículo recomienda evitar una evacuación precipitada mientras continúa el movimiento y priorizar la protección frente a objetos que puedan caer, vidrios, ventanas, espejos, lámparas o muebles que puedan volcarse.
Una recomendación ampliamente utilizada ante un sismo es agacharse, cubrirse y sostenerse, buscando protección adecuada y alejándose de elementos que puedan desprenderse.
Los ascensores tampoco deben utilizarse durante una emergencia sísmica.
Una vez finalice el movimiento, la decisión de evacuar debe realizarse atendiendo las condiciones del edificio, las rutas disponibles, el plan de emergencias de la copropiedad y las indicaciones de las autoridades u organismos de socorro cuando corresponda.
Mito 2: “Si mi edificio se mueve mucho es porque se va a caer”
Sentir el movimiento en los pisos altos puede generar una enorme sensación de inseguridad.
Sin embargo, que un edificio se mueva durante un sismo no significa automáticamente que vaya a colapsar.
Las edificaciones sismorresistentes son diseñadas considerando las fuerzas y deformaciones que puede producir un movimiento sísmico.
Pero también debemos hacer una claridad: sentir que una torre se balancea tampoco permite concluir que estructuralmente se encuentra en perfectas condiciones.
La seguridad de una construcción no puede determinarse por la sensación de sus habitantes. Para conocerla existen diseños estructurales, estudios, documentos técnicos y evaluaciones realizadas por profesionales competentes.
Personas mayores: el plan comienza antes de que tiemble
En El Poblado esta conversación requiere un enfoque diferencial.
Una persona mayor con dificultades para caminar, alguien que utiliza silla de ruedas o una persona con movilidad reducida no debería enfrentarse a una emergencia con un protocolo pensado únicamente para personas que pueden desplazarse rápidamente.
El material de referencia recomienda que una persona que utiliza silla de ruedas asegure el dispositivo y proteja cabeza y cuello. Si alguien se encuentra en cama y sus condiciones de movilidad dificultan desplazarse rápidamente, la prioridad debe ser protegerse en el lugar.
Pero hay algo incluso más importante: no esperar al sismo para descubrir quién necesita ayuda.
Las copropiedades pueden establecer mecanismos voluntarios y respetuosos de identificación de residentes que podrían requerir apoyo durante una emergencia, protegiendo siempre su privacidad, autonomía y dignidad.
¿Y qué hacemos con perros y gatos?
Las familias con animales de compañía también necesitan prepararse.
Durante un movimiento fuerte, perros y gatos pueden asustarse, esconderse o intentar escapar. Perseguirlos mientras está temblando podría aumentar el riesgo tanto para las personas como para los animales.
Una vez existan condiciones seguras para desplazarse, es conveniente tener disponibles correas, arneses o guacales.
También resulta útil mantener estos elementos en lugares conocidos y accesibles, y no guardados en sitios difíciles de alcanzar durante una emergencia.
El material consultado recomienda asegurar a los animales después del movimiento y tener especial cuidado con vidrios, objetos caídos o escombros que puedan encontrarse en las rutas de salida.
Mito 3: “Mi edificio aguanta un terremoto de magnitud 8”
Esta es una de las frases más frecuentes cuando se habla de sismorresistencia.
Pero decir que un edificio “aguanta un terremoto de magnitud 7 u 8” simplifica demasiado la forma como funciona la ingeniería sísmica.
La magnitud se relaciona con la energía liberada por el sismo. Para conocer el efecto que puede tener sobre una construcción también intervienen otros factores, como la distancia al evento, su profundidad, las características del suelo y las fuerzas que finalmente recibe la estructura.
Por eso no existe una respuesta responsable del tipo “su edificio soporta hasta determinada magnitud” solamente conociendo su año de construcción.
El material de referencia recuerda que Colombia ha tenido diferentes generaciones de reglamentación sismorresistente, entre ellas la NSR-98 y la NSR-10.
El objetivo fundamental de la sismorresistencia no debe entenderse como la promesa de que después de un terremoto el apartamento quedará intacto y sin una sola grieta. La prioridad es la protección de la vida.
Entonces, ¿cómo puedo saber si mi edificio es sismorresistente?
Aquí está quizás la pregunta más importante de este artículo.
La respuesta no está en Google, en un video de redes sociales ni en lo que diga un vecino. Está en la historia técnica de su edificio.
El año de construcción es un primer dato, pero no es suficiente. Los propietarios pueden solicitar información a la administración sobre la licencia de construcción, planos estructurales y demás documentos técnicos que conserve la copropiedad.
También es importante conocer si la edificación ha tenido intervenciones posteriores que puedan involucrar elementos estructurales.
Y cuando existan dudas justificadas sobre su condición, la alternativa es acudir a una evaluación realizada por profesionales competentes.
El fantasma de Space: “¿cómo sé que la norma sí se cumplió?”
Es imposible hablar sobre seguridad estructural en El Poblado sin reconocer una preocupación que permanece en la memoria de la ciudad.
La tragedia del edificio Space hace que para algunos habitantes no sea suficiente escuchar que Colombia cuenta con normas sismorresistentes.
La pregunta es válida: ¿Cómo puedo saber que esas normas realmente fueron aplicadas en mi edificio?
El material consultado señala que después de Space se produjeron cambios importantes en el marco colombiano y destaca la Ley 1796 de 2016, conocida como Ley de Vivienda Segura, que introdujo y fortaleció mecanismos relacionados con la revisión, supervisión y certificación de determinadas edificaciones.
Sin embargo, tampoco sería responsable transmitir una falsa garantía.
Que exista una norma rigurosa no significa que cada edificio sea infalible.
Por eso resulta tan importante que las copropiedades conserven su documentación técnica y que propietarios, administraciones y consejos puedan conocer los antecedentes de la construcción.
La tranquilidad no tiene que depender de creer ciegamente que todo está bien. También puede construirse preguntando, conociendo y, cuando existan razones para hacerlo, solicitando una evaluación técnica independiente.
Mito 4: “Apareció una grieta: el edificio está fallando”
No necesariamente. Después de un movimiento sísmico pueden aparecer afectaciones en acabados, revoques, pintura o elementos no estructurales sin que esto signifique automáticamente que exista una falla en la estructura.
El material utilizado como referencia diferencia entre fisuras superficiales, daños en mampostería y afectaciones en elementos estructurales.
Pero aquí hacemos una advertencia importante:
No intente convertirse en perito estructural mirando una fotografía, introduciendo una moneda en una grieta o midiéndola con una regla.
Determinar la gravedad de un daño corresponde a profesionales competentes.
Si después de un sismo se observan desprendimientos importantes, deformaciones o afectaciones evidentes en columnas, vigas u otros elementos estructurales, evite permanecer en el área afectada y reporte la situación a la administración y a los organismos de emergencia.
Mito 5: “Vi caer edificios en otro país; aquí puede ocurrir exactamente lo mismo”
Las imágenes de grandes terremotos tienen un enorme impacto emocional.
Después de un evento sísmico es frecuente que comiencen a circular por WhatsApp, Instagram, TikTok y otras plataformas videos de edificios colapsando en diferentes partes del mundo.
Es comprensible que una persona que vive en el piso 15, 20 o 30 de una torre de El Poblado vea esas imágenes y se pregunte: “¿Podría pasarnos lo mismo?”
La respuesta responsable es que un video de otra ciudad no permite determinar qué ocurriría con su edificio.
Dos torres que visualmente parecen similares pueden tener diferencias en edad, diseño estructural, materiales, cimentación, características del terreno, mantenimiento, modificaciones posteriores y normativa aplicable.
El documento que sirvió como punto de partida para este artículo plantea comparaciones específicas con edificaciones y condiciones de suelo de Venezuela. Sin una verificación técnica independiente de esas afirmaciones, El Poblado en Historias considera más responsable no utilizarlas para asegurar que las edificaciones de nuestra comuna son más o menos seguras.
No permita que un video viral diagnostique su edificio. La mejor información es la que corresponde específicamente a la construcción donde usted vive.
7 preguntas que puede hacerle hoy a la administración de su edificio
No necesita ser ingeniero para comenzar a conocer mejor su vivienda.
Estas preguntas pueden plantearse a la administración, al consejo de administración o incluso llevarse a la próxima asamblea de copropietarios:
1. ¿En qué año fue construido el edificio y qué norma sismorresistente le era aplicable?
El año permite comenzar a establecer cuál reglamentación estaba vigente cuando fue diseñado y construido.
2. ¿La copropiedad conserva los planos estructurales y la licencia de construcción?
Pregunte si estos documentos existen, dónde están archivados y cómo pueden consultarse.
3. ¿Qué estudios, certificados y documentos técnicos conserva el edificio?
Dependiendo de la época de construcción pueden existir estudios de suelos, diseños, documentos relacionados con supervisión u otros antecedentes técnicos.
4. ¿Alguna vez se ha realizado una evaluación de vulnerabilidad o revisión estructural?
Puede resultar especialmente pertinente en edificaciones antiguas, construcciones que hayan sufrido intervenciones importantes o cuando existan inquietudes técnicamente justificadas.
5. ¿Se han realizado modificaciones que puedan afectar la estructura?
Intervenciones en apartamentos, parqueaderos o zonas comunes requieren especial atención cuando puedan involucrar elementos estructurales. El material consultado destaca la importancia de controlar este tipo de modificaciones.
6. ¿Tenemos un plan de emergencias y sabemos cómo evacuar?
No basta con encontrar una señal que diga “Salida”.
Los residentes deberían conocer las rutas, puntos de encuentro, protocolos y mecanismos de comunicación de la copropiedad.
7. ¿Cómo apoyaremos a quienes pueden necesitar ayuda?
Pregunte si el plan contempla a personas mayores, personas con discapacidad o movilidad reducida y hogares con animales de compañía.
La preparación debe reconocer que no todos podemos evacuar de la misma manera ni a la misma velocidad.
Y hay una octava pregunta: ¿cuándo fue la última vez que hablamos de esto?
Puede parecer sencilla, pero quizás sea una de las más importantes.
¿Cuándo fue el último simulacro? ¿Los nuevos residentes conocen el plan de emergencias? ¿Las personas saben dónde está el punto de encuentro? ¿Una persona mayor que vive sola sabe a quién acudir? ¿Las familias saben cómo evacuar con sus mascotas?
Si nadie conoce las respuestas, ya existe una oportunidad para mejorar.
Prepararse no es vivir con miedo
No podemos saber cuándo llegará el próximo sismo.
Pero sí podemos decidir cuánto conocemos sobre nuestra vivienda, cómo actuaremos, qué información tenemos disponible y qué tan preparada está nuestra comunidad para ayudar a quienes puedan necesitarlo.
La gestión del riesgo también es un asunto comunitario.
Un mismo sismo puede representar desafíos diferentes para una persona mayor que vive sola, alguien con discapacidad, una familia con niños o una persona responsable de varios animales de compañía.
Por eso, vivir en un edificio alto de El Poblado no debería significar vivir con miedo.
Significa informarnos, preguntar, organizarnos y estar mejor preparados.
Porque cuando vuelva a temblar, la mejor herramienta que podemos tener no será el miedo.
Será saber qué hacer.




