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Parque del Silencio: ¿qué pasó con las zonas verdes que Astorga acordó hace más de una década?

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La JAL de El Poblado convocó una audiencia pública para hablar sobre Astorga. En el centro de la discusión está un predio que jurídicamente es presentado como bien fiscal, pero que la comunidad reconoce desde hace más de una década como el Parque del Silencio. Los vecinos piden documentos, claridad sobre los acuerdos derivados de las obras de valorización y respuestas sobre el aprovechamiento económico del espacio público en la Comuna 14.

En Astorga la discusión ya no es solamente sobre un lote, unos árboles o la posibilidad de instalar allí una actividad comercial.

También es una discusión sobre memoria, acuerdos comunitarios, espacio público y confianza en las decisiones que se toman sobre el territorio.

El próximo viernes 25 de septiembre, a las 11:00 a. m., la Junta Administradora Local de la Comuna 14 convocó, según la pieza de invitación difundida, una audiencia pública cuyo tema será Astorga. El encuentro está previsto en el Parque Recreativo Providencia–Los Balsos, en la calle 12 Sur #25-245.

La convocatoria abre una oportunidad para poner sobre la mesa preguntas que los habitantes vienen formulando desde hace semanas sobre el espacio conocido por la comunidad como Parque del Silencio.

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¿Parque del Silencio o simplemente un bien fiscal?

Incluso el nombre del lugar se ha convertido en parte de la discusión, pues la denominación «Parque del Silencio Astorga» no sería oficial, al no haber surtido el procedimiento correspondiente para asignarle formalmente ese nombre.

Pero una cosa es determinar si existe un acto que oficializó su denominación y otra establecer de dónde surgió el nombre y qué relación tuvo la propia Administración con él.

Y sobre esto hay antecedentes. En marzo de 2014, una publicación sobre la nueva obra vial realizada en Astorga señaló que las zonas verdes resultantes fueron denominadas Parque del Silencio. El registro asegura que la propuesta nació de la comunidad y fue acordada en una reunión del Comité Ciudadano de Obra en la que participaron equipos de Fonvalmed y de la Secretaría de Infraestructura.

Documentación sobre el Proyecto Valorización El Poblado también registra la conexión de la carrera 43C entre las calles 8 y 9 de Astorga entre las intervenciones realizadas en el territorio.

Por eso, la pregunta no debería limitarse a si Parque del Silencio aparece hoy como nombre oficial. La audiencia también puede ayudar a establecer qué se acordó entre la Administración y la comunidad hace más de una década y qué alcance tuvieron esos acuerdos.

¿Dónde están las zonas verdes acordadas para Astorga?

Esta pregunta es quizás más importante que el nombre.

Habitantes que participaron en aquel proceso sostienen que las zonas verdes estaban relacionadas con las intervenciones realizadas mediante valorización.

En agosto, durante un encuentro entre residentes, comerciantes y representantes de la Administración, Orlando Jaramillo recordó que en el proceso se hablaba de aproximadamente 1.200 metros cuadrados de zonas públicas, de los cuales unos 900 metros cuadrados estarían destinados a jardines. Esta cifra corresponde al relato de la comunidad y requiere ser contrastada con los documentos oficiales del proyecto.

Por eso, la audiencia debería permitir algo elemental: poner los planos y documentos sobre la mesa.

¿Cuántos metros cuadrados de espacio público y zonas verdes generó realmente la intervención? ¿Dónde están ubicados? ¿Qué destinación quedó establecida para ellos? ¿El predio hoy en discusión hacía parte de esas áreas?

Son preguntas que pueden responderse con documentos.

Un predio fiscal que la comunidad reconoce como zona verde

La controversia actual surgió porque la Administración ha señalado que el terreno tiene naturaleza de bien fiscal.

Durante las conversaciones sostenidas en agosto, se informó que se estudiaba un esquema de aprovechamiento económico de baja intensidad mediante un arrendamiento temporal por tres años. La propuesta estaría principalmente relacionada con actividad gastronómica y contemplaría estructuras livianas. Medios locales también han registrado esa explicación institucional.

Para la comunidad, sin embargo, la discusión no termina con la clasificación jurídica del inmueble.

Los habitantes sostienen que el lugar ya cumple una función: tiene árboles y jardines, ofrece sombra, ayuda a amortiguar el ruido y sirve como espacio de encuentro en un sector sometido a una intensa actividad urbana.

De ahí surge otra pregunta de fondo: ¿la condición de bien fiscal obliga a buscarle rentabilidad económica o permite conservarlo por su valor ambiental y social?

¿Cuánto espacio público de El Poblado está en manos del comercio?

El caso de Astorga también abre una discusión que supera los límites del barrio.

El aprovechamiento económico del espacio público existe en diferentes sectores de El Poblado. Restaurantes, establecimientos comerciales y otros operadores pueden ocupar determinadas áreas mediante los mecanismos establecidos por el Distrito.

Esto puede generar ingresos para Medellín.

Pero para evaluar esa política también es necesario conocer las cifras.

El Poblado en Historias solicitó a la Agencia APP información para establecer cuántos metros cuadrados de espacio público han sido destinados al aprovechamiento económico, cuáles son sus usos y cuánto dinero recibe la Administración por este concepto.

Al cierre de este artículo, el medio continúa a la espera de una respuesta de fondo a esas preguntas.

La información resulta especialmente relevante para una comunidad que plantea una inquietud recurrente: ¿qué equilibrio existe entre el territorio destinado a actividades económicas y aquel que permanece disponible para el disfrute colectivo?

No se trata de estar contra el comercio

Astorga es un barrio donde conviven residentes, restaurantes, hoteles, cafés y otros establecimientos que hacen parte de su dinámica económica.

Por eso, reducir la discusión a estar a favor o en contra de la actividad comercial sería insuficiente.

La pregunta es dónde, cuánto y bajo qué condiciones debe permitirse el aprovechamiento económico del espacio público, y cuáles lugares deben conservarse por su función ambiental, social o comunitaria.

Los propios habitantes han planteado una alternativa denominada Corredor Vivo de Astorga, que busca conectar la quebrada La Presidenta, el Parque de La Bailarina, el Parque del Silencio y el Parque de El Poblado mediante naturaleza, movilidad peatonal, cultura y encuentro ciudadano.

Una audiencia para llevar documentos, no solamente posiciones

La audiencia pública del 25 de septiembre puede convertirse en un escenario importante si permite pasar de las percepciones a las respuestas verificables.

Astorga necesita conocer qué se acordó durante las obras de valorización, cuántos metros cuadrados de zonas verdes fueron generados, dónde están, cuál es la situación jurídica del predio y qué decisiones se proyectan sobre él.

También sería importante aclarar por qué una denominación nacida de la comunidad y registrada públicamente desde 2014 como Parque del Silencio no se tradujo —si efectivamente no ocurrió— en su reconocimiento formal.

Porque los acuerdos construidos con las comunidades también hacen parte de la historia del territorio.

¿Cuánto territorio necesitamos para simplemente vivirlo?

En medio de esta discusión aparece una pregunta que difícilmente cabe en un plano catastral.

¿Dónde juega la gente? ¿Dónde puede una persona sentarse a leer un libro? ¿Dónde permanecen los árboles, la sombra y los lugares en los que encontrarse sin necesidad de consumir?

Mantener un parque también cuesta. La jardinería, el cuidado de los árboles, la limpieza y el mantenimiento requieren recursos públicos.

Pero justamente por eso resulta pertinente conocer también cuánto recibe Medellín por los espacios que actualmente tienen aprovechamiento económico y cómo esos recursos retornan al cuidado y mejoramiento del espacio público.

Astorga no llega a esta audiencia solamente para hablar de un nombre.

Llega con una historia que puede rastrearse al menos hasta 2014, con preguntas sobre valorización y zonas verdes, y con una comunidad que quiere participar en la definición de su territorio.

El próximo viernes habrá una oportunidad para responderlas.

Y quizá la pregunta más sencilla sea también la más importante: ¿qué lugar queremos reservar en El Poblado para aquellos espacios cuyo mayor valor consiste, precisamente, en seguir siendo de todos?

Marco Andrés Jaramillo
Marco Andrés Jaramillo
Comunicador Social-Periodista de la Universidad de Antioquia, con amplia experiencia en Periodismo, Comunicación Organizacional, Relaciones Públicas y Televisión. Co-fundador de egoCity y director general.
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