A sus pasados 90 años, Cecilia Echeverri conserva en su casa un universo de pinturas, objetos, recuerdos y relatos familiares. Su historia también quedó plasmada en uno de los murales de la Casa de la Cultura de El Poblado, como homenaje a una mujer cuya vida hace parte de la memoria viva de la Comuna 14.
Una casa donde cada objeto tiene una historia
Entrar a la casa de Cecilia Echeverri es adentrarse en una especie de museo íntimo. Allí, las paredes, los muebles, las pinturas y los objetos guardan historias que atraviesan varias generaciones.
Cecilia recibió a El Poblado de Historias y desde el primer momento comenzó a compartir los recuerdos que habitan su hogar.
La conversación empezó con una antigua silla pintada de negro y decorada con dibujos de pájaros y flores. Una pieza que había pertenecido a su tatarabuela y que hoy permanece como testimonio material de una historia familiar que se resiste al olvido.
Pero esa silla es apenas el comienzo.
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Cecilia Echeverri: una vida entre el arte, los recuerdos y la familia
La casa está llena de pinturas. Muchas fueron realizadas por la propia Cecilia; otras, por familiares y personas cercanas. Cada una guarda una historia particular.
Hay paisajes, flores, animales y escenas que remiten a diferentes momentos de su vida. En uno de sus cuadros aparece una ballena que recuerda un viaje realizado hace 50 años. En otro, un paisaje marino surgido de sus experiencias y recuerdos.
Cecilia también habla con orgullo de su familia, de sus hijos, de sus nietos y de las generaciones que han crecido alrededor de ella.
Su casa no es simplemente una vivienda. Es un archivo vivo construido con afectos, objetos, arte y memoria.
Una mujer que aprendió a pintar y nunca dejó de crear
El arte ha acompañado buena parte de la vida de Cecilia Echeverri.
Comenzó a pintar después de casarse. Estudió en la Escuela Pública de Bellas Artes (hoy Fundación Universitaria Bellas Artes) y aprendió de maestros como Pedro Nel Gómez y otros artistas que marcaron su camino creativo.
Su relación con la pintura también estuvo atravesada por la curiosidad y la experimentación. Cecilia no solo pintaba: aprendía, observaba y buscaba nuevas maneras de representar aquello que hacía parte de su mundo.
Incluso desarrolló una forma particular de pintar sobre porcelana, una técnica que surgió después de encontrar materiales y comenzar a experimentar con ellos.
Así, entre lienzos, pinceles, porcelanas y objetos familiares, Cecilia construyó una obra inseparable de su vida cotidiana. En su universo, arte y memoria conviven en un mismo espacio.
Un mural para conservar su historia en la Casa de la Cultura de El Poblado
La historia de Cecilia trascendió las paredes de su casa.
Su rostro y su memoria hacen parte de un mural en la Casa de la Cultura de El Poblado, ubicada en el barrio Manila. Este homenaje la reconoce como una de esas personas cuyas vidas ayudan a contar la historia de la Comuna 14.
Y ese reconocimiento tiene un significado especial.
La Casa de la Cultura de El Poblado ha sido concebida como un lugar para escuchar las múltiples voces de la comunidad y generar procesos de reflexión, creación y diálogo. Desde allí se han promovido investigaciones y conversaciones alrededor de la memoria, el patrimonio y la identidad del territorio.
En este contexto, el mural dedicado a Cecilia no es solamente una obra artística. Es también una declaración sobre la importancia de reconocer a las personas que, desde su vida cotidiana, ayudan a construir la memoria de El Poblado.
La memoria de El Poblado también vive en su gente
Cuando hablamos de patrimonio, muchas veces pensamos en edificios antiguos, monumentos o lugares históricos. Pero la memoria de un territorio también está en las personas.
Está en sus historias.
En las recetas que pasan de una generación a otra. En las fotografías familiares. En las casas que conservan objetos durante décadas. En las voces de quienes han visto transformarse los barrios y todavía pueden contar cómo era la vida antes.
Precisamente, la Casa de la Cultura de El Poblado ha trabajado para fortalecer el conocimiento del territorio desde una perspectiva comunitaria, entendiendo que dinamizar la cultura también significa reconocer las voces y experiencias que construyen la identidad de la Comuna 14.
Su programación y sus procesos han buscado reunir a vecinos, artistas, investigadores y creadores, haciendo de este espacio un circuito de acción, pensamiento y reflexión abierto a la comunidad.
Cecilia Echeverri representa esa memoria viva.
Un tesoro que merece ser contado
A sus pasados 90 años, Cecilia continúa rodeada por los objetos, pinturas y recuerdos que han acompañado su camino.
Cada cuadro tiene una historia. Cada objeto conserva una memoria. Cada rincón de su casa parece guardar un fragmento de una vida que también ayuda a entender la historia de El Poblado.
La crónica publicada en El Poblado de Historias permite acercarse a ese universo íntimo y descubrir a una mujer que ha hecho del arte, la familia y la memoria tres hilos inseparables de su existencia.
Su historia nos recuerda algo fundamental: las comunidades también se construyen con pequeñas memorias. Con aquellas historias que muchas veces permanecen dentro de una casa hasta que alguien decide escucharlas, documentarlas y compartirlas.
En El Poblado en Historias creemos precisamente en eso: contar la vida de quienes han construido nuestros barrios es también una forma de proteger el patrimonio y fortalecer nuestra identidad colectiva.
Porque antes de que una historia desaparezca, alguien tiene que escucharla.
Y la de Cecilia Echeverri es, sin duda, una historia que merece permanecer.




