Un mismo lugar puede representar encuentro para quienes lo frecuentan y preocupación para quienes viven alrededor e, incluso, para quienes no saben ni dónde queda. Por eso, escuchar esas experiencias, sin estigmatizar, es el primer paso para construir acuerdos sobre el espacio público.
¿Qué encuentran en la 4 Sur las personas que regresan cada tarde o cada noche? ¿Qué preocupa a sus vecinos? Además, ¿piensan igual sobre las motos, el consumo de cannabis o el comercio quienes visitan el lugar y quienes prefieren evitarlo?
Comprender el territorio exige escuchar esas diferencias. Su uso cotidiano reúne necesidades de encuentro, movilidad, recreación y subsistencia que pueden entrar en tensión. Por ello, el propósito es conocerlas y establecer cómo compartir el espacio con respeto y responsabilidades claras.
Los usos y las condiciones que debemos comprender
La observación local que motiva este proyecto identifica situaciones que requieren investigación y diálogo:
- Motocicletas y estacionamiento. Conocer por qué sus usuarios se reúnen allí, dónde parquean y qué afectaciones se producen cuando ocupan pasos peatonales. También evaluar áreas del entorno que podrían habilitarse para organizar el estacionamiento y el acceso, preservando la seguridad, las zonas verdes y los usos deportivos.
- Consumo de cannabis y otras sustancias. Comprender sus contextos, las percepciones de consumidores y demás usuarios, y las necesidades de información, prevención y atención. La lucha frontal contra el microtráfico es necesaria, pero en ella no se puede seguir criminalizando a los consumidores.
- Comercialización de sustancias. Investigar sus dinámicas y posibles mecanismos de control territorial, distinguiéndolos del consumo y de las demás actividades. Asimismo, establecer mecanismos que permitan generar oportunidades para jóvenes en estado de vulnerabilidad.
- Comercio de alimentos y bebidas. Escuchar a quienes trabajan en chazas y pequeños puestos, algunos presentes desde hace años según el conocimiento local. Además, establecer sus condiciones sanitarias, manejo de residuos y acompañamiento institucional.
- Ruido y permanencia nocturna. Identificar fuentes, horarios y afectaciones, considerando tanto las necesidades de encuentro como las de descanso.
Infraestructura, cuidado y acompañamiento
- Baños y limpieza. La observación territorial señala que no hay un baño público disponible. Por ello, es necesario examinar cómo resuelven esa necesidad los visitantes y qué condiciones existen para mantener limpio el lugar.
- Mantenimiento y señalización. Precisar qué elementos necesitan atención y qué información encuentran los usuarios sobre circulación, estacionamiento, cuidado y rutas de ayuda.
- Control y acompañamiento institucional. Conocer las experiencias de usuarios y autoridades, junto con la continuidad de las acciones de pedagogía, mediación y atención social.
Estas situaciones se relacionan. En efecto, las conductas dependen también de las alternativas disponibles, de las condiciones del entorno y del conocimiento de las reglas. Por eso, investigar esas relaciones permitirá formular propuestas que respondan a la vida cotidiana del sector.
Escuchar sin estigmatizar
La presencia de motos o el consumo de cannabis pueden generar rechazo en algunas personas. Sin embargo, para ciertos visitantes, el lugar puede representar amistad y pertenencia. Además, quienes lo frecuentan no tienen necesariamente una misma opinión sobre lo que sucede allí.
¿Qué valoran sus usuarios y qué les incomoda? ¿Cuáles son los acuerdos que estarían dispuestos a asumir? Por su parte, ¿qué experiencias explican la preocupación de los vecinos? Estas preguntas deben responderlas las personas, sin anticipar sus conclusiones.
Ser motociclista o consumir cannabis no permite atribuirle a alguien todas las conductas del sector. A la vez, las dificultades para caminar, el ruido o las situaciones de riesgo merecen atención. Por ello, reconocer a cada actor como interlocutor ayuda a distinguir identidades, prácticas y afectaciones concretas.
Antes de “recuperar”, escuchar
En enero de 2012, durante la etapa final de construcción del puente, la Administración señalaba que el uso futuro de un área libre bajo la estructura podría definirse conjuntamente entre la Alcaldía y la comunidad. Hoy, esa posibilidad debe considerar a quienes han construido relaciones, rutinas y formas de subsistencia en el entorno.
La intervención actual ocurre sobre un territorio habitado. Por eso, antes de plantear su “recuperación”, es necesario desarrollar un trabajo sostenido con la comunidad del barrio y con quienes utilizan cotidianamente el espacio.
Desde esa conversación pueden construirse acuerdos mínimos sobre circulación, estacionamiento, ruido, residuos y comercio, junto con compromisos institucionales sobre infraestructura, mantenimiento y acompañamiento. A su vez, las propuestas necesitan evaluación, responsables y seguimiento.
“Territorios que escuchan: Diálogos para la convivencia en la 4 Sur” busca aportar a ese proceso. Así, comprender qué significa el lugar para sus distintos actores permitirá reconocer necesidades, atender afectaciones y construir condiciones para compartirlo.
Este contenido hace parte del trabajo periodístico de la propuesta “Territorios que escuchan: Diálogos para la convivencia en la 4 Sur”, ganadora de Territorios que Inspiran 2026, convocatoria de la Secretaría de Comunicaciones de la Alcaldía de Medellín. La iniciativa es desarrollada por la Corporación Historias No Contadas, a través de El Poblado en Historias.






